NOS HABLAMOS A LA VUELTA


Esta noche he llegado al hotel cargado hasta las cejas.

Cierro la puerta con un suave taconazo y dejo la cartera encima de la mesa de la entrada mientras me quito los zapatos como me los quitaba cuando tenía diez años: con la ayuda de un pie cruzado, sin agacharme ni desatarme los cordones.

Por la noche nos sacamos los billetes, acuérdate –me había dicho un amigo. Llámame cuando llegues.

En éstas, saco el móvil del bolsillo y busco su número para cerrar por fin el negocio.

Y suena un tono. Y suenan dos tonos. Y suenan tres tonos. Y boom, contestador.

Lo dejaremos para después, entonces.

Sin saber muy bien cómo, he acabado sentado frente al portátil, pasando ante mí las veintidós mil quinientas noventa y una fotos de la feria de Sevilla con todos mis amigos entregados al baile y a los rebujitos.

Y me salta un anuncio. Y me salta otra foto de la feria y me salta otro anuncio.

Bancos, viajes, relojes, relojes bonitos, muy chulos, y más viajes. Unos tipos listos, estos anunciantes.

Y de pronto, uno de esos anuncios me sale con las cuentas de las últimas temporadas de Juego de Tronos, haciendo especial hincapié en aquella respuesta demoledora con la que la buena de Ygritte acosaba sin descanso al incauto de Jon.

Esa respuesta de cinco palabras afiladas como espadas toledanas y que me parece una metáfora perfecta de nuestras vidas.

Ella, con gesto serio y mirada arrolladora, le decía: “you know nothing, Jon Snow”. Y él se quedaba inmóvil, tragando saliva, porque no tenía más remedio. Porque no sabía a qué se refería ella. Porque no sabía qué es lo que no sabía, ni tampoco lo que sabía.

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Y es entonces cuando cierro el portátil y me debato entre salir a correr o salir a por una copa, pensando en estos dos personajes, mientras empiezo a desvariar sobre todo aquello que no sé, y también sobre lo poco que sé.

Pues bien, la verdad es que no sé por qué nuestro amigo Jon se quedó colgado de Ygritte, tan rápido que ni lo vio venir, que perdió hasta el sentido común y hasta la lógica, pero sé lo que se siente cuando una chica de bandera te atraviesa con la mirada y sé que la impotencia es similar.

Tampoco sé si Looking Too Closely será la canción perfecta para empezar la semana o no, pero sé que un concierto no debe vivirse sentado sino en constante movimiento y sé que en el mundo de la física “un cuerpo en constante movimiento permanece con trayectoria uniforme a menos que sobre él actúe una fuerza externa”. Como una copa de vino tinto. Como un gol en el último minuto. Como tú.

También sé que no me gustan nada las personas que dan portazos o las que se van sin dar las gracias o las buenas noches. Sé que la gente que sale en todas las fotos con gafas de sol es de poco fiar, como el que entra gritando en una sala de reuniones, y sé que una mesa redonda es conditio sine qua non para una cena como Dios manda.

Sé que el único parque que me interesa es el Tompkins Square de los Mumford & Sons y sé que yo también me convertiría en un monstruo, como ellos, si tú me lo pidieras, pero por mucho que ellos insistan sí que hay llamas que arden eternamente porque nuestras huellas dactilares no se borran de las vidas que tocamos.

Sé que el único momento que me interesa es el Last Time de The National, sé que yo también quiero Something Just Like This, como Coldplay, y sé que necesito volver al Berlin de Bear’s Den porque no puedo olvidarte y lo intento a todas horas.

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Sé que la indecisión constante es más peligrosa que la propia equivocación y sé que no se trabaja mejor, y esto es muy importante, por trabajar más. Sé que es mucho más convincente una sola excusa que muchas juntas y sé que no hacer nada es, por definición, hacer algo.

Sé que somos imparables, sí, tú y yo, y sé que es tarde para volver atrás y empezar de cero pero no sé quién en este maldito mundo querría hacer eso si lo verdaderamente divertido es echar un rey de espadas a la mesa y llevarnos la mano esta misma noche.

Sé que ya va siendo hora de contestar por fin a mi amigo porque lleva media hora llamándome, y sé que él no sabe que me he puesto a divagar contigo.

Sé que este fin de semana me voy a la montaña, querida, o a la selva, a ver palmeras gigantes y sé que quiero volver a verte.

Sé, en definitiva, que nos hablamos a la vuelta.

GdG

PD: También sé que aquí abajo recogemos la banda sonora de Reflexiones y Otras Copas y  sé que estáis todos invitados a escucharla hasta que os hartéis de nosotros dos.

 

Un comentario en “NOS HABLAMOS A LA VUELTA

  1. “no hacer nada es, por definición, hacer algo” ¡Qué equivocado estás! Te arrepentirás de lo que no has hecho, no de haberte equivocado. ¡Arriesga, se el protagonista de tu propia película! Bsos/Abrz

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