LO MEJOR


Me asombra lo fácil que el ser humano se cree en situación de poder dar un juicio de valor. El ser humano, soy yo, eres tú, es él, ella y somos todos, así que no te borres. El narrador aquí eres tú también.

Vivimos cada uno nuestra vida, con nuestros tiempos, con nuestras circunstancias. Con mil decisiones irrelevantes que tomar cada día y unas pocas grandes decisiones que marcan nuestro devenir.

Y sin embargo, desde fuera todo nos parece más fácil y mucho más obvio. “Hago lo que es mejor para ti” o “te deseo lo mejor” u “opino que quizás deberías olvidarte y mirar hacia delante”.

¡Qué fácil nos sale empatizar! ¡Pero qué mal se nos da!

Yo, que te he escuchado cuando me contabas tus historias, que he entendido tus dificultades, la dureza de ciertas decisiones y la incomodidad de vivir con un nudo en el estómago.
Yo, que conozco a aquellos que te rodean, que sé a qué dedicas tu tiempo.
Yo, que también tengo lo mío, también quiero ser feliz, y que en el fondo, creo ser feliz.

¡Yo! Que me siento capaz de decirte que todas esas piedras del camino, que todas las vicisitudes encontradas, que las decisiones tomadas, carecen de peso. Que debes restarle importancia a todo. Que nada debe nublar tu ilusión. Nada debe frenarte. ¿Bonito eh?

Te lo digo creyendo sinceramente que no será para tanto, que será lo mejor para ti. Que no puede ser tan importante si antes sabías ser feliz sin ello. Y que no puede ser tan duro dejarlo marchar.

Cuando en realidad, yo, tengo dentro de mí piedras de igual tamaño, igual de pesadas, igual de inamovibles, obstáculos que considero más difíciles de afrontar que los tuyos.
¿Y en base a qué? A que soy un egocéntrico.

Y es que según la RAE (bendita ella) la empatía es la intención de comprender los sentimientos y emociones, intentando experimentar de forma objetiva y racional lo que siente otro individuo.

Pero yo no me pongo en tus zapatos, te digo lo que siempre he creído que yo debería hacer con mis historias. Lo que yo pienso que debo lograr, pero lo que también me cuesta conseguir.
La dificultad reside ahí. No es tan fácil restarle peso. No es tan fácil olvidar. No es tan fácil mirar adelante. No es tan fácil decidir porque podemos ir perdiendo, pero no nos gusta perder.

Ahora nos toca empatizar de verdad. Hacer lo mejor y recomendar lo mejor. Saber escuchar, intentar comprender y eliminar de nuestro portafolio de consejos ese odioso e inútil “no te ralles”, o el “es momento de empezar a olvidar”.

Las heridas se cierran con tiempo; atendiendo, entendiendo y buscando otros temas que poco a poco ayuden a ir recuperando el ánimo, las ganas de creer, de pensar, de volar, que ayuden a que, con el tiempo, todo vaya desapareciendo del modo que toque.

Si te digo la verdad, eso sí que va a ser LO MEJOR.

Á.J.

 

 

 

 

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