PERFECTAMENTE IMPERFECTOS


El ser humano es imperfecto y no creo que ninguno de nosotros estemos en situación de negar la mayor.
Somos seres ridículos con un potencial asombroso pero completamente incapaces de sacarnos todo nuestro jugo.

Hay que ver lo que nos cuesta invertir nuestro tiempo en pensar en aquello que de verdad merece la pena. Malgastamos (bueno, malgasto. No os voy a culpar a vosotros, ignorantes que leéis mi blog) mucho tiempo en ideas que no nos aportan ningún tipo de satisfacción. Horas y horas dándole vueltas a temas que tienen difícil o poca solución. Nos quedamos con la sensación de haber hecho algo mal y no poder volver atrás para corregirlo. Y yo el primero, este blog no es más que un repaso de todos los defectos que enumero, en primera persona.

El otro día en una charla de Young & Seekers, (ojo a esto, buscadlo en Google, es TOP) Bertín Osborne dejó una frase de la que me quiero adueñar:

“Aquellos que mirando atrás dicen que no se arrepienten de nada son unos mamarrachos.”

 Yo lo fui, fui uno de esos mamarrachos, pero ese día caí. Y ahora soy otro tipo de mamarracho. Está claro que hemos cometido mil errores que querríamos corregir. Mil caídas que hubiéramos preferido evitar. Mil piedras con las que hubiéramos preferido no tropezar. Otra cosa es que seamos capaces de hacerlo. Arrepentirse es clave. Aprender para no repetir los mismos fallos, es obligatorio. Pero no parecemos escarmentar, parece que de verdad nos creamos que la letra solo con sangre entra.

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He vuelto a irme por las ramas. Llevaba semanas sin poder hacerlo porque por A o por B conseguí centrarme en aquello que ocupa TODO mi tiempo, y las horas acababan pareciendo insuficientes y mi mente no se podía permitir quedarse en blanco.

Pero a veces necesitamos descansar.

Y pensé, y seguí pensando. Y enumeré aquellas cosas que había hecho en estos últimos meses. Las cosas que cambiaron. Las personas que conocí. Gente que entró y salió de mi vida. Eso sí que son puertas giratorias. Y llegué a la conclusión de que la velocidad a la que pasan días, meses, años, me sobrepasa, me mata de vértigo. Alguno mayor que yo debe estar leyendo esto con cara de bendito crío, no se percata de que ni siquiera ha visto la décima parte. Pero mirando, he caído en que hace justo un año mi situación era bien distinta.

Profesionalmente la cosa no cambia en exceso, estoy mejor y quiero creer que estoy menos verde, pero estamos en España, no nos engañemos.

Personalmente estaba muy jodido. Estaba perdido. No sabía qué hacer. Aquellos castillos en el aire que imagine se derrumbaron de golpe. Aquello que me llevó a empezar a escribir acababa de ocurrir y esto de no tener tiempo para pensar era algo que deseaba profundamente. Fueron días en los que no podía centrarme en aquello que de verdad merecía la pena. Me estaba auto infligiendo un sufrimiento completamente innecesario. Fueron momentos en los que tenía que haber mirado al frente y buscado allí la solución. Ojalá hubiera sido capaz de controlarlo mejor. Volvería atrás y lo cambiaría, desde luego.

Ahora, sin embargo, estoy bien. Los temporales terminan por pasar de largo. Uno se sobrepone. Nunca nada es tan terrible como cuando ocurre. Las historias se suceden. Mi vida es distinta. Las vuestras también. No nos damos cuenta hasta que no echamos la vista atrás y Facebook nos recuerda que el tiempo avanza y que conociste a Fulanito hace tres años o que fuiste a Nueva York (Ah! Nueva York) hace dos. Facebook, esa web que tiene que ser mujer por narices, solo una mujer te recuerda cosas que ocurrieron hace años sin venir a cuento.

Pensé en aquella verdad absoluta que dice que los hombres somos muy simples y no le damos vueltas a las cosas y las mujeres son retorcidas y no usan jamás el camino sencillo. Que fácil sería que todos estuviéramos trazados del mismo modo. Y que aburrido. Aunque a veces pienso, ojalá.

Ojalá pudiera alguna vez no darle vueltas a todo y ser capaz de ir a lo sencillo. Ojalá pudieran algunas chicas hacer lo propio. Creo que nos obcecamos en buscarle tres pies al gato, cuando en realidad tienen cuatro por lo que encontrarle tres no debería ser difícil.

Pensamos en todo lo que podría ser. Cada opción. Cada pro, cada contra. Y al final, cuando todo sale o todo se rompe, vemos que aquello que nos llevaba directos al resultado final era lo más sencillo. Era decir lo que pensábamos cuando lo hicimos por primera vez. Abrirnos de verdad y llevarnos la hostia si tocaba o saborear la gloria si ese era el resultado final. Nos perdemos en los caminos, sufrimos inútilmente.

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Ojalá cada vez que tuviéramos que tomar una decisión, fuésemos capaces de mirar atrás y recordar todo aquello con lo que tropezamos para así poder escoger la mejor opción.

Pero no, se nos da mejor tropezar y desde el suelo mirar a la piedra y cagarnos en su p*** madre por seguir donde estaba. Y después, con las cicatrices que quedan, contar nuestras batallitas y nuestras historias que atestiguan una vida difícil, un mundo que nos tiene manía, todas las tías están locas y todos los tíos somos unos cerdos.

Nos aburriríamos si consiguiéramos ser mejores de lo que somos. Si pudiéramos predecir nuestras acciones. Si todo nos saliera como queremos a la primera. Si no diésemos mil vueltas para llegar a donde queremos llegar.

Pero así somos y así nos lo pasamos. Siendo perfectamente imperfectos.

Á.J.

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4 comentarios en “PERFECTAMENTE IMPERFECTOS

  1. Aprender y llevarse la hostia si tocaba, eso es lo que a mí me parece esencial.
    ¿Arrepentirse? Yo debo de ser una “mamarracha” porque, después de algunas cagadas monumentales, llegué a la conclusión de que eso de arrepentirse no tiene ningún sentido. Después de tomar la decisión y de haber aprendido alguna lección que otra es muy fácil caer en el “¿y si…?”, pero qué narices, tomaste esa decisión porque consideraste que, en esas circunstancias, era lo mejor que podías hacer o lo que realmente te apetecía hacer. Todo lo demás, sobra.
    Sigamos siendo imperfectos y vivamos, que no se trata de otra cosa 🙂

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    • Hay veces que esa cagada la hacemos por voluntad propia, por confiar en ciertos elementos en los que no debíamos. Hay veces que no es el primer tropezón, sino el segundo o el tercero con la misma piedra. Y ahí, hay situaciones que si se pudiera volver atrás, cambiaría. El aprendizaje ya lo tengo.
      El arrepentimiento no sirve de nada, es solo la voluntad de hacer algo distinto si me dieran la opción.

      Sigamos disfrutando de nuestra imperfección.

      Le gusta a 1 persona

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