¿Y SI…?


Sé de buena fe que no soy el único al que le pasa. Un día, de golpe y porrazo tienes ese minuto extra para poner la mente en blanco y pensar. Y piensas. Y tonto de ti, en vez de soñar, de imaginar, de crear, de planear nuevas aventuras, nuevas historias, coger el teléfono y llamar a tus amigos para aprovechar ese minuto, decides que lo adecuado es pensar en el pasado. En todo lo que te ha ocurrido, todo lo que influyó antes o después en tu vida, todo lo que hiciste, todo lo que no hiciste.

¿Y si no fuese español, o simplemente, madrileño?

¿Y si  mi madre no hubiese perdido un niño un año antes de tener a mi hermano mayor?

¿Y si mi hermano fuera una persona normal?

¿Y si fuera del Madrid? ¿Cómo voy a ser del Madrid?

¿Y si no tuviese una hermana pequeña?

¿Y si…?

Los recuerdos de la más tierna infancia y de antes incluso de que nacieras son escasos. No tienes nada que reprocharte. Acabas de romper el cascarón. No tienes ideas que te hayan producido dudas. No crees que nada de aquello te cambiase la vida.

¿Y si sí?

¿Y si no hubiese estudiado en ese colegio?

¿Y si  no hubiese ido a esos campamentos en los que tanto y tan inútilmente sufrí con 6 y 7 años?

¿Y si no hubiese sido amigo de este o de aquel?

¿Y si no me hubiese partido los dientes? (Sí, esta es muy buena. Y sí, sería más guapo. Y sí, quizás os la cuente un día)

¿Y si no hubiese empezado a jugar al fútbol?

Con primaria nos ocurre igual. Son recuerdos un poco más marcados. Nos dejan muescas. Igual nos ayudan a reforzar ciertas cuestiones. Nos ayudan a empezar a crear quienes somos. Aprendemos los básicos. Empezamos a crear costumbres. Sabemos si somos de ciencias o de letras. Desarrollamos un principio de espíritu crítico. Pero son todo minucias.

¿Y si no hubiese llevado brackets?

¿Y si me hubiese gustado más estudiar? (Que conste que siempre fui buen estudiante)

¿Y si hubiese empezado a leer antes?

¿Y si hubiese empezado a fumar?

¿Y si hubiese empezado a beber antes?

¡Joder! ¿Por qué me empezaron a gustar las chicas tan tarde?

¿Y si no hubiese priorizado a unos sobre otros? Esos otros que hoy son mis mejores amigos.

¿Y si fuese más extrovertido? ¿O más introvertido?

¿Y si no hubiese ido a estudiar inglés tan lejos?

En la parte seria de la educación, cuando empiezas a ser una persona más o menos independiente, con más ideas propias, más ideas influenciadas por el entorno, cuando desarrollas intereses reales que mantendrás a lo largo de los años es cuando empiezas a construir realmente la base de quien acabarás siendo cuando por fin vueles solo. Pero aún no eres nadie. Aún no le aportas al mundo. Solo a tu entorno.

¿Y si no hubiese empezado una relación a distancia a los 17 años?

¿Y si no hubiese empezado a trabajar para permitirme mi “nivel de vida”?

¿Y si en ese último año de colegio no me hubieran costado tanto las mates?

¿Y si me hubiese metido en ingeniería?

¿Y si hubiese optado por ICADE en lugar de estudiar en la pública?

¿Y si mis padres no trabajasen en lo que trabajan?

¿Y si no fuesen tan leales como son y hubiesen hecho otras cosas en su vida aparte de las empresas en las que llevan creciendo más de 25 años?

¿Y si no hubiese decidido estudiar en inglés?

Lo que pasa justo antes de empezar la carrera te lo tomas como si fuese decisivo, pero no has hecho más que empezar. Ahí es donde vas a empezar a dar tus primeros aleteos solo. Si te caes te levantas, pero no hacen daño. Siempre puedes volverlo a intentar.

¿Y si no hubiese decidido empezar a buscar un trabajo en empresa desde segundo de carrera?

¿Y si me hubiese ido de intercambio a Canadá aunque no me convalidasen asignaturas?

¿Y si no hubiese perdido a un buen amigo por caprichos del destino?

¿Y si me hubiesen cogido en PWC, o EY, o KPMG o Deloitte?

¿Y si no hubiese sido tan pesado con hacer Marketing?

¿Y si no lo hubiésemos dejado tras 3 años a 300 kilómetros?

¿Y si no me obsesionase tanto esa empresa? ¿Y si me hubiesen cogido?

¿Y si no hubiese aceptado esas ofertas para puestos de becario?

¿Y si no hubiese conocido al idealista Pablo?

¿Y si mis amigos no estuviesen desperdigados por el mundo?

¿Y si no hubiese dicho “Te quiero” demasiado pronto? ¿Acaso fue demasiado pronto?

¿Y si me hubiera dejado llevar en lugar de cortar por lo sano?

¿Y si mis amigos no fueran tan colegas?

¿Y si no me lo pasase tan bien los fines de semana?

Nos pasamos los días pensando en lo que pudo ser y no fue. Echo la vista atrás y pienso sobre todo en las cosas que dieron peores resultados y cómo debieron hacerse. Cómo hubiese podido evitar momentos en los que lo pasé mal. De nada sirve.

Siempre agradeceré lo mucho que me ha aportado tener la familia que tengo, haber ido al colegio al que fui, haber estudiado lo que estudié y donde lo estudié, haber querido a quien quise y a quien aún quiero, haber dicho lo que dije, y haber tenido y mantenido a los amigos que tengo. En definitiva, haber tenido la suerte que he tenido. Siempre me sentiré orgulloso de haber tomado cada decisión convencido de ello. Sabiendo que tocaba arriesgar, porque si no es ahora, no será nunca.

Ahora nada se puede cambiar. No debemos mirar atrás con reproches, sino con ganas de aprender. Estoy orgulloso de ser quien soy y de ser como soy y tengo ganas de seguir aprendiendo y de seguir descubriendo cosas que me hagan mejor.

¿Y si dejamos de comernos la cabeza con un pasado que no se puede cambiar y nos centramos en el presente?

 “The clock is running. Make the most of today. Yesterday is history, Tomorrow is a mystery, Today is a gift, and that’s why it’s called present”

Ahora podemos volar solos.

Á.J.

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