YO DE MAYOR QUIERO SER PEQUEÑO


Nunca vemos la vida con mejor perspectiva que cuando somos niños. De pequeños somos más creativos, más curiosos, más activos y desde luego decimos más tonterías. Pero es que la línea que separa una tontería de una genialidad es finísima.

Robert Doisneau

 Aquí va a acabar pareciendo que aquello de los que os voy a hablar en las siguientes líneas es una genialidad y nada más lejos de la crudelísima realidad. Es verdad que fue algo que me produjo una satisfacción extrema. Me creía Bécquer,  Góngora, Quevedo… En el colegio la literatura actual no era el pan de cada día así que no me podía creer Lorenzo Silva, Javier Marías o incluso Manuel Jabois por mencionar algún referente más directo. De hecho no sé si cuando esto ocurrió, Jabois había publicado algo ya (que pudiera haber leído yo).

Bueno, qué narices, al grano que no estáis aquí para leer desvaríos. Un día cualquiera de 2004 la profesora nos mandó un trabajo de esos que dan vértigo solo de oírlo. Teníamos que escribir una poesía con recursos literarios muy específicos. Fue el típico momento en el que te preguntabas si esa clase era simplemente un instrumento de tortura para niños. En esa clase todo parecía inútil en el momento. Que si recursos literarios, que si análisis sintáctico, que si lecturas obligatorias… La Espada y la Rosa, me dirás tú.
Me planté ante mi folio y pensé: ¿Y ahora qué pelotas escribo?

A ver, no nos engañemos, tenía 13 años. Mi vida se resumía en fútbol, amigos, visitar discotecas light… En mi cabeza, dada mi limitada cultura literaria, poesía señalaba directamente a amor. Pero claro, hablar de amor con 13 años es cursi. ¿Cómo voy a hablar de amor? Luego tenías que recitar tu creación en público. No me pienso exponer a eso.

Decidí entonces que era más canalla hablar de “Cuernos”. Lo opuesto al amor. Donde acaba. Donde muere la confianza y empiezan los reproches.

 CUERNOS

 Cuando a tus ojos miro
No pienso, río.
Cuando tu boca admiro
No pienso, río.
Pero si a otra sonrío
No piensas, te ciegas.
Los celos te queman
Y ya no me besas.

Tarde y cansado y hambriento
Cada tarde vuelvo a casa
Y te encuentro sin remedio
Con las manos en la masa.
Te cepillas al cartero
Y crees que no me entero.
Te cepillas al portero
Y crees que me chupo el dedo.

Yo a las otras no sonrío
Solo porque te quiero
Y tú a mí ni pío,
Ni pío de tus manejos.

El divorcio ya deseo
Amarga amargura espero
Ya no quiero más engaños
Cuando llevamos veinte años.

 Lo mejor para ti quiero.
No te líes con el cartero,
Líate con un banquero
Que al menos te da dinero.

Ya estoy harto
De tus bofetadas ardientes con los ojos
Que me hielan el alma
Y me dejan seco

 Cuanto más cerca de ti estoy
Más lejos me siento.
Nuestro amor se aleja,
Se aleja por momentos.

Recuerda lo que te digo
Recuerda que yo te quiero
Y si quieres que te quiera
Quiéreme tú a mí primero.

Tan a gusto me quedé. Releía y me reía. Entregué el trabajo pensando que aunque fuera la anti-historia tenía excusa porque tenía todo lo que la profesora exigía: Aliteración, Polisíndeton, Anadiplosis, Anáfora, Paralelismo, Metáfora, Alegoría, Antítesis, Hipérbole, Paradoja y Personificación. Ahora no diré dónde está cada cosa, pero si preguntáis os lo responderé, que lo tengo en el original.
Imagen1

Era un plan perfecto, y fue mejor.
Cuando la profesora devolvió los trabajos, tenía un 10. Yo, un 10 escribiendo algo de mi puño y letra. Me sentí una estrella leyéndolo ante la clase y arrancándoles risas con los versos más chorras jamás escritos. No volví a cosechar éxitos escribiendo, y no me extraña.

 Ahora lo releo y veo que en ciertos puntos era mucho más creativo de lo que soy ahora. Tenía menos dudas acerca de cualquier cosa que me rodease. Decía lo que me parecía sin preocuparme lo que aquello pudiera conllevar. Igual no es cuestión de decir que ahora debería comportarme como un niño de 13 años, pero quizás sí que deberíamos quitarle un poco de seriedad a nuestras vidas.

En realidad no hablo por todos sino por mí. Tenemos nuestros trabajos, nuestros estudios, nuestros planes de futuro. Nos exigimos más, no nos conformamos, nos agobiamos al no llegar donde queríamos cuando teníamos pensado.

Pero no es cuestión de agobiarse. ¡Qué prisas por ser nuestros padres! No llevamos una velocidad de crucero, igual estamos en un atasco y ya luego pisaremos el acelerador. A mi edad nada es definitivo si no quieres que lo sea y nada te va a marcar de por vida.
Decide por ti mismo y si puedes, piensa como un niño.

 Á.J.

2 comentarios en “YO DE MAYOR QUIERO SER PEQUEÑO

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